VISITA DE JORDI PUJOL A SEVILLA
"ESTOY DE
UN MARIANO SUBIDO"
(DIARIO DE SEVILLA 08/10/2002)
Dolores Torné Pujol llegó a Sevilla en 1942 procedente de Pla de Santa María, una población de la provincia de Tarragona muy próxima a Valls. En ese pueblo conoció a un militar murciano cuya misión en el Ejército republicano era alertar mediante sirenas de los bombardeos del llamado ejército nacional. Siete años después, ya en Sevilla, nació su hijo José María Manzanares Torné, que formó parte de la Junta de Gobierno de la Cofradía de Montserrat hasta que hace año y medio fue nombrado decano de la Escuela de Ingenieros Industriales. Fue la segunda de las cofradías que ayer visitó Jordi Pujol, fundada en el siglo XVI por catalanes que se afincaron en Sevilla para vender tejidos aprovechando las relaciones comerciales que brindaba la carrera de Indias.
Antes estuvo en la iglesia de San Julián, templo titular de la Virgen de la Hiniesta, una imagen que a finales del siglo XIV fue hallada por el caballero Per de Tous en un monte catalán. En San Julián, Pujol y su esposa Marta Ferrusola cantaron la Salve. En la iglesia de Montserrat entonaron el Virulai, una canción catalana compuesta por el poeta Mosén Jacinto Verdaguer, del que este año celebran el centenario de su muerte. “Estoy de un mariano subido”, decía Pujol. “Hay cosas que uno tiene que hacer por razones de su cargo, pero esto no me cuesta porque mi mujer y yo lo sentimos”.
“¿No hay misa hoy?”, preguntaba una monja en la puerta de San Julián. “¿Quién se casa?”, interpelaba un motero con patillas ante el revuelo de cámaras. A Pujol lo esperaba en la puerta Adolfo Arenas, hermano mayor de la Hiniesta, hermandad que debe su nombre a la ginesta, palabra catalana equivalente a retama, la flor primaveral junto a la que dice la leyenda que apareció la imagen. Pujol ilustró a los presentes con una personal interpretación de un texto de Maragall. “Me refiero al poeta”, decía de Joan Maragall, abuelo del ex alcalde que será adversario de su delfín Artur Mas. Antes de que Pujol se extendiera sobre el simbolismo de la mimosa y la retama, el hermano mayor de la Hiniesta regaló a Marta Ferrusola una flor hecha de seda después de explicarle que “sólo la llevan los pasos de Vírgenes”. A la salida, Marta Ferrusola, mirando el obsequio, comentaría: “He sido un poco avariciosa, porque podría haberle ofrecido la flor a la Virgen, pero está muy bien hecha”. Pujol no quiso irse de San Julián sin despedirse del cura párroco José Manuel Cazorla Baena. Preguntó por las advocaciones de la iglesia: San Julián y Santa Marina. Y se interesó por la fecha que ambos ocupan en el santoral. Cuando el hermano mayor de la Resurrección le dijo que Santa Marina se festejaba el 18 de julio, Pujol respondió: “También es el día de San Federico”. Bromeó con los cofrades sobre el largo enunciado de los nombres de sus hermandades. “Para poner el encabezamiento de las cartas, debe ser tremendo” , decía Pujol. “Nos entendemos con cuatro palabras”, respondía el anfitrión al tiempo que le presentaba al delegado de día, al hermano mayor de la Cena y al alcalde de los Negritos. Jaime Raynaud, candidato a la alcaldía, recordó en presencia de Pujol cuando trabajó en el pabellón de Cataluña de la Expo.
Tanto en San Julián como en Montserrat recordó el motivo de su presencia: la exposición Cataluña, tierra de acogida. En el primero de los templos, brindó con cava por los andaluces y catalanes de ida y vuelta. En el segundo, recordó su reciente visita a otra iglesia fundada por comerciantes catalanes en la ciudad siciliana de Palermo. “Mucha gente sale de su tierra empujada por un trabajo, por la necesidad, por la ambición, por la familia, y necesita no despegarse totalmente de aquello que ha configurado su personalidad. Por eso son muy importantes los sentimientos religiosos, porque ayudan a vivir y dan sentido a la vida”. Montserrat no es en Cataluña una Virgen cualquiera. “Es la patrona. Está en un monasterio que no es importante históricamente por sus reyes o sus nobles. Es el monasterio del pueblo”.
“No, no, no, no, no”. Soltó una retahíla de noes cuando rodeado de periodistas en una sala que olía a incienso y a cera le pidieron la opinión sobre la propuesta de Ibarretxe. Sí dio la suya: una tierra con características de nación adscrita “a un marco español general”. Con el pragmatismo de la tierra que siempre se sintió corredor y pasillo. De la Hiniesta a Montserrat. Del Domingo de Ramos a Viernes Santo. De Castillo Lastrucci a Martínez Montañés y su más aventajado discípulo, Juan de Mesa. Fue el itinerario que recorrió Pujol antes de reunirse con la Casa de Cataluña que preside en Sevilla la florista Marta Stroecker Pallarolas y de cenar con Manuel Chaves. En la puerta de Montserrat lo despidió Antonio Domínguez Valverde, deán de la catedral de Sevilla. “La más grande de España”, le dijo a Pujol. “¿Seguro?”, preguntaba el president. “La más grande de las catedrales góticas”. “¿Seguro?”. “Está en el Guinness. 135 metros por 76, más grande que un campo de fútbol”, insistía el deán. “Bueno, bueno, lo importante es llenarla”, terminaba Pujol antes de meterse en el coche.