La Memoria

Desde 1507 se venía realizando una peregrinación que salía del Santuario de Santa Magdalena hasta San Pedro de Sascelades, y que se realizaba en viernes de cuaresma. Esta iglesia de Santa Magdalena se distinguía en los cultos a la Pasión y Muerte de Jesucristo a través de la "Cofradía de Santa Magdalena del Hortelans".

Años más tarde, se funda la Cofradía de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, formada por los esparteros, con el fín de "servir el viático y el entierro de los cofrades, enterrar también a los desamparados haciendo sufragios por sus almas, acompañar a los condenados a muerte y asistir a las procesiones de plegarías con el Santo Cristo y un pendón". Tenemos que señalar que estamos en la sociedad gremial, y que por tanto, deberemos hacer la distinción entre cofrades "forzados" ( los del Gremio) y cofrades de gracia ( procedentes de los demás estamentos sociales de la ciudad).

La primera procesión del Santo Entierro organizada por la cofradía de la Sangre data de 1550, siendo destacable que, a diferencia de la actualidad, se llevaba a cabo el Jueves Santo.

A lo largo del Siglo XVII, las distintas epidemias y guerras, especialmente la "dels Segadors", sumen a la cofradía en un estado de penuria, pese a la cual logra sobrevivir y mantener la procesión del Jueves Santo. En éste período se fundan varios gremios en la ciudad, incrementando la nómina de cofradías. Tendencia que continuará a lo largo del siglo XVIII, con la aparición de nuevos pasos en la procesión. A lo largo de éstos dos siglos, es frecuente ver en la procesión a los disciplinantes (de sangre) y a los penitentes (improperios), siendo a finales del XVIII cuando se van a prohibir los primeros.

Son tiempos difíciles para la cofradía y ,como fruto del pleito entre cofrades forzados y de gracia, ésta se divide en dos provocando un cisma que derivará en la creación de la Congregación de "La Sang". Así, en medio de pleitos y concordias entramos en el siglo XIX, que va a tener otra efemérides destructiva para las cofradías y gremios de Semana Santa, la Guerra de la Independencia.

Empieza el siglo con bastante miseria y epidemias, la ciudad pasa de 27.000 habitantes a 10.000. La guerra del francés deja sus secuelas en todos los estamentos ciudadanos y la procesión no va a salir desde 1809 hasta 1815. En 1858 la procesión del Santo Entierro que se celebraba en Jueves, pasa al Viernes Santo, y además se dictan por parte del Arzobispo Costa i Borras una serie de normas que van a configurar definitivamente la Semana Santa de nuestros días. Se prohibe la asistencia de mujeres, se suprimen las figuras bíblicas aunque se dejan los "Armats", se suprimen los pregoneros que anunciaban indulgencias, además de impedir la asistencia de niños menores de 7 años.

A finales del siglo, concretamente en el último tercio, la situación política favorece la controversia y durante los años 1872 y 1876 se producen incidentes en la misma. En 1886 la procesión define el itinerario que ha llegado hasta nuestros días, accediendo por primera vez a la Rambla Nova. Ha sido un siglo de cambios y de renovación de cofradías y gremios así como de definición de los usos y costumbre de nuestra celebración. Ya todo está dispuesto para entrar en el Siglo XX y asistir a la primera edad de oro de la Semana Santa de Tarragona.

Con la fundación de la Hermandad de Jesús Nazareno y la asistencia de los HH.EE.CC (La salle) se inicia el Siglo XX, se tallan nuevos pasos y la Semana Santa de Tarragona adquiere fama y reconocimiento, miles de forasteros llegados principalmente de Barcelona y provincias limítrofes, llenan las calles de la ciudad en Semanas Santas de profundo arraigo, participación y sentimiento. En 1928 se crea la Agrupación de Asociaciones de Semana Santa y se editan los primeros folletos y carteles, incluso se engloba a la semana Santa en las Fiestas de Primavera.

Así llegamos hasta 1936, en plena guerra civil la procesión y en concreto las agrupaciones van a sufrir un expolio casi total. Los días 21 y 22 de Julio de 1936 fue saqueado prácticamente su patrimonio, se quemaron pasos enteros, enseres, altares, iglesias. Casi nada escapo del fuego en la hogueras que ardían en las calles. El patrimonio de siglos había desaparecido, pero al igual que en otros avatares, el espíritu taraconense hizo que una de nuestras más hondas tradiciones resurgiera de sus cenizas. Tras la contienda, la procesión vuelve a salir en 1939. A partir de 1940 se suceden esfuerzos para conseguir sacar a la calle nuevos pasos, y se crean hasta 5 nuevas hermandades. Es la Semana Santa oficialista, pero hondamente enraizada en el pueblo.

Se va a asistir entre 1950 y 1970 a la segunda edad de oro, en la que se recupera el tono solemne y el buen gusto. Las hermandades y gremios cuentan con mucha asistencia y empieza la costumbre de editar folletos por parte de cada agrupación. Y así hasta nuestros días, salvo un período, 1975 - 1980 en que la celebración sufre años de fuerte recesión. Pero esta ya es otra historia, la contemporánea, que pretendemos abordar especialmente en un capítulo a parte que esperamos poder ofrecerles pronto.

Sí quisiéramos destacar, a modo de epílogo, que de todas las tradiciones que tiene ésta ciudad, probablemente sea la Semana Santa la que más dificultades ha atravesado a lo largo de la historia y a la vez, la que más ha representado el empeño y la obstinación en la defensa de nuestra manera de ser y de vivir nuestras costumbres.